Corría el año 1870 cuando la filoxera arrasaba el viñedo europeo de norte a sur. Se tardó más de una década en encontrar solución a esta plaga y otros tantos años en poder aplicarla: replantar sobre pie americano, que era inmune a la plaga. El Pirineo protegió el viñedo español durante casi 20 años. Cuando la filoxera traspasó esta barrera natural ya se conocía el remedio.

Las bodegas francesas habían desarrollado vastos mercados de vino tranquilo y espumoso embotellado. Esto se debía a su pericia, a la expansión de su cultura y comercio (La Corte del rey Luis XIV, el colonialismo y el Imperialismo). En tiempos de filoxera necesitaban vino para abastecer esa demanda. Sabido es que desde Burdeos fueron a buscar vino a La Rioja y que enseñaron a los bodegueros locales a “adobar sus tintos, que serían enviados a Francia en cubas, haciendo un largo viaje desde la estación de ferrocarril de Haro.

No es tan sabido que los bodegueros del noreste de Francia (Champagne), necesitados de vino blanco, buscando proveedores recalaran en Cataluña. Conocían bien la región, pues en ella compraban gran parte del corcho que entonces utilizaban y que provenía de la industria corchera de Girona.

Pau Batlle, hijo de Josep, bodeguero y mayordomo de una finca en Sant Sadurní d’Anoia, fue contratado por negociantes franceses, entre otros jóvenes de la zona, para la selección y compra de vinos blancos que debían ser enviados en cargas o barricas de 600 litros hacia el norte, con destino a la Champagne.

Pau vio pronto una oportunidad. Entonces “Las Américas” compraban vino a granel pagando 6 céntimos la barrica; los vecinos franceses pagaban 60 céntimos por ella. El negocio estaba en hacer el vino y venderlo a los champenoise. Así fue instruido por sus clientes en el arte de seleccionar y afinar los vinos.

En 1881 pudo fundar el Celler Batlle. Hoy, tras más de 100 años de esa fecha, la quinta generación recordamos cómo de niños solíamos pisar uva en la misma bodega que nuestro bisabuelo construyó.

Años más tarde Pau compró la finca en que había trabajado su padre y donde él mismo había sido aprendiz: La Plana, que da origen a nuestros III Lustros, Celler Batlle y Enotecas.

120 años después de la construcción del primer Celler Batlle, la familia decidió trasladar las instalaciones de vinificación, hasta entonces ubicadas en el centro de San Sadurní, a un nuevo edificio rodeado por las viñas de La Solana, próximas al pueblo. Una nueva bodega en la que exploramos diferentes aspectos de desarrollo ecosostenible, arquitectura bioclimática e integración paisajística.

15 diciembre 2015|Ser|